Una paciente de 77 años llegó a mi consulta a mediados de julio de 2025 viendo apenas cuenta dedos con el ojo derecho, con una córnea descompensada y un conteo endotelial entre 800 y 1000 células por milímetro cuadrado. Cinco meses después, en enero de 2026, ese mismo ojo veía 20/40 con corrección, con una córnea transparente y funcional. No hubo trasplante. El rescate se logró solo con manejo médico tópico: un inhibidor de Rho-quinasa, el Ripasudil, combinado con solución hipertónica.
Ese dato es lo que hace que valga la pena escribir sobre este caso. Una córnea con ese nivel de daño endotelial, en un ojo con la historia que tenía este, era hasta hace poco territorio casi exclusivo del trasplante. Que se haya recuperado función visual útil sin entrar al quirófano marca una de las líneas más interesantes que tenemos hoy en la rehabilitación de la córnea.
Quiero ser claro desde el inicio en algo importante. La cirugía de catarata inicial y la endoftalmitis que la complicó no las manejé yo. La paciente llegó referida a mi consulta después, ya con el problema corneal instalado, para el manejo de la descompensación. Mi rol empezó en julio de 2025, cuando el cuadro corneal era el frente activo.
El punto de partida: un ojo con historia difícil
La paciente había sido operada de catarata bilateral en mayo de 2025. Una semana después de la cirugía del ojo derecho desarrolló una endoftalmitis postoperatoria, que es una infección intraocular severa. El manejo de esa complicación requirió inyecciones intraoculares de antimicrobianos y, por respuesta insuficiente, una vitrectomía pars plana con colocación de aceite de silicón dentro del ojo. El aceite se retiró a inicios de julio de 2025.
Toda esa secuencia, necesaria para salvar el ojo de la infección, dejó una factura en la córnea. Tras la cirugía vitreorretiniana apareció una descompensación corneal con un conteo endotelial muy bajo en el ojo derecho. En ese punto la paciente fue referida a mi consulta para el manejo corneal.
Cuando la evalué por primera vez, la agudeza visual del ojo derecho era de cuenta dedos. Para dimensionarlo: cuenta dedos significa que la persona solo distingue cuántos dedos se le muestran a corta distancia. No es visión funcional. La córnea estaba descompensada y el endotelio, la capa responsable de mantenerla transparente, estaba críticamente comprometido.
Qué es el endotelio corneal y por qué no se regenera
Para entender este caso hay que entender el endotelio. La córnea es el lente transparente de la parte frontal del ojo, y su transparencia no es pasiva: depende de trabajo activo. La capa más interna de la córnea, el endotelio, está formada por una sola lámina de células que funcionan como una bomba. Esas células sacan constantemente el exceso de líquido del tejido corneal. Mientras la bomba funciona, la córnea se mantiene seca y transparente. Cuando la bomba falla, el agua se acumula, la córnea se hincha y se vuelve opaca. Eso es, en esencia, la descompensación corneal.
El problema es que el endotelio corneal humano tiene una capacidad regenerativa proliferativa muy limitada. A diferencia del epitelio de la superficie, que se renueva todo el tiempo, las células endoteliales prácticamente no se reproducen en el ojo vivo. Nacemos con una cantidad y, con la edad, las cirugías, los traumas y las inflamaciones, esa población solo disminuye. Un adulto joven sano tiene del orden de 2500 a 3000 células por milímetro cuadrado, cifra que disminuye de forma progresiva con la edad, y por debajo de aproximadamente 500 células la córnea suele descompensarse.
Esta paciente estaba entre 800 y 1000 células por milímetro cuadrado en el ojo derecho. Un conteo bajo, en un ojo que ya había pasado por endoftalmitis, vitrectomía y aceite de silicón. En mi experiencia, ese es exactamente el perfil de ojo donde uno empieza a conversar con el paciente sobre trasplante endotelial.
Por qué el trasplante no fue el primer paso
El trasplante de córnea, y en particular el trasplante endotelial selectivo, resuelve el problema reponiendo células sanas de un donante. Es una cirugía que hacemos con buenos resultados, pero exige un donante, un quirófano y una recuperación con su propio riesgo de rechazo y de fallo del injerto con el tiempo. En un ojo con el historial de este, agregar otra cirugía intraocular no era una decisión menor.
Por eso, antes de proponer un trasplante, el protocolo razonable era intentar rehabilitar la función endotelial que quedaba. Y ahí es donde entran los inhibidores de Rho-quinasa.
Cómo actúa un inhibidor de Rho-quinasa en la córnea
El Ripasudil pertenece a una familia de fármacos llamados inhibidores de Rho-quinasa, o inhibidores ROCK. Originalmente este medicamento se aprobó en Japón para otra indicación, el glaucoma, donde ayuda a bajar la presión del ojo. Pero su efecto sobre las células endoteliales abrió una línea de investigación distinta en córnea.
El concepto es el siguiente. La Rho-quinasa es una enzima que regula el comportamiento de las células endoteliales: su forma, su adhesión y su capacidad de moverse. Al inhibir esa enzima, el Ripasudil parece favorecer que las células que quedan migren para cubrir las zonas dañadas y, en cierto grado, proliferen, algo que normalmente hacen muy poco. Si esas células logran repoblar y reorganizarse, la bomba endotelial recupera capacidad y la córnea vuelve a aclararse.
Por eso a este enfoque se le llama rehabilitación endotelial. No se trasplanta tejido nuevo: se estimula al tejido propio del paciente a reorganizarse y trabajar mejor. Es un cambio de filosofía, del reemplazo a la rehabilitación. Estos fármacos se han estudiado en otros escenarios de daño endotelial, como la distrofia endotelial de Fuchs y diversas formas de descompensación corneal. La evidencia sigue construyéndose, y por eso conviene presentarla con honestidad: es una herramienta prometedora y de vanguardia, no un sustituto universal del trasplante.
El tratamiento y la respuesta de la paciente
El esquema que iniciamos en julio de 2025 combinó dos frentes. Por un lado, Ripasudil tópico, para estimular la rehabilitación endotelial. Por otro, solución hipertónica tópica, que ayuda a extraer agua de la córnea por un mecanismo físico de concentración, reduciendo el edema mientras el endotelio recupera función. Los dos trabajan en direcciones complementarias: uno repara la bomba, el otro alivia la carga de líquido entretanto.
La evolución fue gradual, que es como suele comportarse este tipo de respuesta. No es un interruptor que se enciende. La córnea fue aclarándose progresivamente y la visión fue subiendo a lo largo de los meses.
Estos fueron los hitos del ojo derecho:
- Julio de 2025, al iniciar: agudeza visual de cuenta dedos, córnea descompensada.
- Enero de 2026, tras unos 5 meses de tratamiento: 20/40 con corrección.
- Mayo de 2026: estabilidad visual mantenida, córnea transparente sin edema franco.
En la evaluación de mayo de 2026, la refracción del ojo derecho permitía una visión corregida de 20/40, con la córnea mostrando solo un mínimo engrosamiento inferior y sin edema corneal franco. La presión intraocular estaba normal y el segmento posterior, tras la vitrectomía, se mantenía sano. El conteo endotelial reciente seguía en el rango de 800 a 1000 células por milímetro cuadrado, lo cual es coherente con la idea de que el beneficio vino más de una mejor organización y función de las células presentes que de un aumento dramático de su número.
Pasar de cuenta dedos a 20/40 en un ojo con esa historia, sin entrar al quirófano, es un resultado que en mi experiencia justifica plenamente haber intentado primero la vía médica.
Lo que este caso sí significa, y lo que no
Conviene poner este resultado en su justa medida. Este caso muestra que, en pacientes seleccionados, el manejo médico con inhibidores de Rho-quinasa puede rehabilitar una córnea descompensada y evitar, o al menos posponer, un trasplante. Eso es clínicamente relevante porque amplía las opciones antes de llegar al quirófano.
Lo que este caso no significa es que toda córnea descompensada se vaya a resolver con gotas. No es una solución universal. Es una opción más, disponible para casos en los que todavía hay endotelio con capacidad de respuesta y la causa del daño se ha controlado. Hay descompensaciones donde el endotelio está tan agotado, o la córnea tan cicatrizada, que el trasplante sigue siendo la mejor y a veces la única salida. Esto depende del caso, y esa evaluación individual es justamente el trabajo del especialista en córnea.
Para quien quiera entender el otro extremo del espectro, donde el rescate sí exige cirugía y tejido donante, escribí sobre un parche corneal tectónico para salvar una queratoprótesis de Boston. Ese caso y este son las dos caras del mismo principio: usar la herramienta correcta para el grado de daño que tiene delante.
El rol del especialista en córnea
Decidir cuándo intentar la vía médica y cuándo ir directo al trasplante no es trivial. Requiere leer bien el endotelio, el estado de la superficie, la causa del daño y la realidad del paciente. Un conteo endotelial bajo no condena automáticamente a un trasplante, igual que un conteo aceptable no garantiza que la córnea vaya a comportarse bien. La decisión se construye con el cuadro completo.
Como Director Médico del Banco de Córneas de la República Dominicana, opero a diario en ese cruce entre el manejo médico y el quirúrgico de la córnea. Tener acceso directo al tejido donante me da la tranquilidad de intentar primero la vía conservadora cuando tiene sentido, sabiendo que, si la córnea no responde, la opción del trasplante está disponible sin demoras. Esa red de seguridad es la que permite ser paciente con un tratamiento médico sin poner en riesgo el ojo. Si le interesa el espectro completo de opciones para la córnea y la superficie ocular, puede revisar nuestros servicios de córnea.
Preguntas frecuentes
¿Toda córnea dañada necesita un trasplante?
No. Muchas alteraciones corneales se manejan con tratamiento médico, y algunas descompensaciones endoteliales, en casos seleccionados, pueden rehabilitarse sin cirugía. El trasplante se reserva para cuando el daño supera la capacidad de recuperación del tejido propio. La decisión depende del caso y la toma un especialista en córnea tras evaluar el endotelio y la causa del daño.
¿El endotelio de la córnea se regenera?
Muy poco. El endotelio corneal humano tiene una capacidad proliferativa muy limitada en el ojo vivo, por lo que las células que se pierden no se reponen con facilidad. Lo que algunos tratamientos buscan no es crear células nuevas en gran número, sino estimular a las existentes a migrar, reorganizarse y trabajar mejor para recuperar la función de bomba.
¿Qué es el Ripasudil?
Es un inhibidor de Rho-quinasa, un tipo de fármaco que se aplica en gotas. En la córnea se ha estudiado por su capacidad de favorecer la migración y la función de las células endoteliales, lo que puede ayudar a aclarar una córnea descompensada en casos seleccionados. Originalmente se aprobó para otra indicación oftalmológica, y su uso endotelial es una línea de vanguardia.
¿Cuándo sí hace falta un trasplante de córnea?
Cuando el endotelio está tan agotado que no responde al manejo médico, cuando hay cicatrización o opacidad estructural que las gotas no pueden revertir, o cuando la córnea no logra mantenerse transparente a pesar del tratamiento. En esos escenarios el trasplante, en particular el trasplante endotelial selectivo, sigue siendo la mejor opción para devolver visión.
¿Cualquier paciente con córnea descompensada puede tratarse con Ripasudil?
No necesariamente. Es una opción para casos en los que todavía hay endotelio con capacidad de respuesta y la causa del daño está controlada. La indicación, la dosis y el seguimiento deben ser definidos por un oftalmólogo especialista en córnea, que valore si el ojo es candidato antes de iniciar.
Lo que este caso deja claro
La rehabilitación de la córnea está cambiando. Durante años, una córnea descompensada con conteo endotelial bajo apuntaba casi inevitablemente al trasplante. Hoy, los inhibidores de Rho-quinasa nos dan una herramienta para intentar primero que el tejido propio del paciente se recupere, y en casos seleccionados ese intento funciona, como funcionó en esta paciente que pasó de cuenta dedos a 20/40 sin entrar al quirófano.
No reemplaza al trasplante en todos los casos. Es una opción más en el arsenal, valiosa precisamente porque amplía lo que podemos ofrecer antes de la cirugía. Si usted o un familiar enfrenta una descompensación corneal y le han planteado un trasplante, vale la pena una segunda evaluación con un especialista en córnea que conozca a fondo estas alternativas. La decisión correcta siempre depende del caso particular.
Aviso legal
Este contenido tiene fines educativos e informativos. No sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento oftalmológico profesional. El uso de Ripasudil y de otros inhibidores de Rho-quinasa en la córnea debe ser indicado y supervisado por un médico oftalmólogo. Los resultados descritos corresponden a una paciente específica y pueden variar según las condiciones clínicas de cada persona. La descompensación corneal requiere evaluación especializada para definir si un ojo es candidato a manejo médico o a trasplante.
Referencias
- Garnock-Jones KP. Ripasudil: First Global Approval. Drugs. 2014;74(18):2211-2215. PMID 25414122.
- Okumura N, Koizumi N, Ueno M, et al. Enhancement of corneal endothelium wound healing by Rho-associated kinase (ROCK) inhibitor eye drops. Am J Pathol. 2012. PMID 22704232.
- Deng Y, et al. Rho-associated kinase (ROCK) inhibitors in corneal endothelial therapy: a systematic review. 2025. PMC12292609.
- Okumura N, et al. Topical Rho-associated kinase inhibitor ripasudil for corneal endothelial dysfunction in Fuchs endothelial corneal dystrophy. Am J Ophthalmol. 2021.
- Erdinest N, et al. Clinical outcomes of topical ripasudil in corneal endothelial dysfunction: a retrospective cohort. J Clin Med. 2025. PMID 40807192. PMC12347265.
- Review of evidence for in vivo corneal endothelial regeneration. Exp Eye Res. 2017.
Última actualización: 23 de junio de 2026


