Hay una cifra que cambia la forma de mirar lo que ocurre en una sala de partos. Una sola placenta donada tras una cesárea programada puede generar hasta ~30 injertos de membrana amniótica, tejido que de otro modo se desecharía como residuo médico (PMC4094946, 2014). Ese tejido, bien procesado, se convierte en una de las herramientas más útiles que tenemos para reparar la superficie del ojo cuando la córnea no logra sanar por sí sola.
La membrana amniótica no es un fármaco ni un trasplante de "células madre", aunque esas confusiones son muy comunes. Es la capa más interna de la placenta, y tras procesarse funciona como un parche biológico: un andamio sobre el que el epitelio de la córnea vuelve a crecer, cargado de factores que calman la inflamación y frenan la cicatrización descontrolada. Su uso en oftalmología no es nuevo ni experimental. Se documentó por primera vez en 1940 y volvió a consolidarse en la cirugía de superficie ocular durante la década de 1990. En esa etapa temprana, en el Bascom Palmer, mi padre, el Dr. Juan F. Batlle Pichardo, presentó una de las primeras series de casos con membrana amniótica en la superficie ocular. Es parte de la historia que heredé y que sigo aplicando en mi práctica.
Quiero explicarle, sin tecnicismos innecesarios, qué es la membrana amniótica, por qué ayuda a sanar la superficie ocular y en qué casos tiene un papel claro y en cuáles no. Y, porque es parte de mi trabajo cotidiano, de dónde viene este tejido y por qué la donación importa tanto.
Qué es la membrana amniótica y por qué funciona
La membrana amniótica es la capa que está en contacto directo con el feto dentro de la placenta. Tiene un epitelio, una membrana basal gruesa y un estroma avascular (sin vasos sanguíneos). Lo interesante para nosotros es que la composición de colágeno de esa membrana basal es similar a la de la córnea y la conjuntiva, lo que la convierte en un sustrato casi hecho a la medida de la superficie ocular (Annals of Eye Science, 2021).
Una vez procesada, la membrana es esencialmente acelular. No actúa porque "trasplante células", sino por dos vías. Su matriz (colágeno tipos IV y VII, laminina, fibronectina) le da al epitelio una superficie ordenada para adherirse y migrar, y libera un cóctel de factores de crecimiento, entre ellos EGF, KGF, HGF y bFGF, que estimulan la reparación (PMC4863510, 2016).
En mi experiencia, la forma más clara de explicarle a un paciente lo que hace la membrana es hablarle de sus cuatro propiedades, las que solemos llamar "las cuatro anti":
- Pro-epitelización. Sirve de andamio para que las células del epitelio crezcan, se diferencien y se adhieran, y previene su muerte prematura.
- Antiinflamatoria. Contiene moléculas que apagan la inflamación, atrapa células inflamatorias y bloquea enzimas que dañan el tejido.
- Antifibrótica. Suprime la señalización de TGF-β, que es la vía que dispara la cicatrización excesiva. En la práctica, eso significa menos cicatriz opaca sobre la córnea.
- Antiangiogénica. Libera factores que frenan la formación de vasos sanguíneos nuevos, vasos que en la córnea sana no deben existir porque restan transparencia.
Esa combinación es la que explica por qué un mismo tejido sirve para problemas tan distintos. Y hay un detalle que tranquiliza a casi todos los pacientes cuando lo explico: la membrana carece de los antígenos HLA-A, -B y -DR, los marcadores que disparan el rechazo. Por eso, aunque técnicamente es tejido donado, el rechazo es muy infrecuente (AAO EyeNet).
Cómo llega al ojo: con sutura o sin ella
Hay varias formas de preservar la membrana. La criopreservada se guarda a −80 °C y retiene muy bien sus proteínas y factores de crecimiento. La deshidratada se conserva a temperatura ambiente, dura más y es más fácil de distribuir (StatPearls/NCBI, 2023). Existe además la conservación en alcohol, un método más económico que amplía el acceso al tejido. En el Banco de Córneas de la República Dominicana empleamos esta vía precisamente para que el costo no sea una barrera y más pacientes puedan beneficiarse.
En el quirófano, la membrana puede coserse sobre la córnea como un injerto cuando el caso lo amerita. Pero también existe el formato sin sutura, un dispositivo en forma de anillo que sostiene la membrana y se coloca en consulta. En estos casos suele disolverse sola en unos 3 a 7 días, más rápido si hay mucha inflamación, y la regulación de la FDA establece que no debe permanecer más de 29 días en el ojo (PMC10573988, 2023). Para el paciente, esto significa que muchas veces el tratamiento es ambulatorio y bien tolerado.
Para qué sirve de verdad (y para qué no)
Aquí conviene ser honesto, porque la membrana amniótica no es una solución universal. Es una opción más, muy valiosa en ciertos escenarios y discreta en otros. Lo digo siempre en consulta: lo que da credibilidad a un tratamiento es saber dónde rinde y dónde no rinde.
Donde su papel es más claro es en la superficie ocular que no logra cerrar. En los defectos epiteliales persistentes y las úlceras que no cicatrizan con tratamiento médico, la membrana logra el cierre completo en un 58 a 91% de los casos según la serie, con un éxito global de 74.4% en un estudio multicéntrico, y de alrededor del 70% en córneas que vienen de un trasplante previo (PMC8348886, 2021; PubMed 18535612, 2008). Esa es la situación donde la membrana se gana su lugar: es un procedimiento de rescate cuando lo conservador ya falló.
En las quemaduras químicas la imagen es más matizada, y este matiz importa. En las quemaduras moderadas (grados II–III), un ensayo clínico mostró que la membrana acelera la epitelización, con 15.9 días frente a 28.9 días con tratamiento médico solo, y una mejor agudeza visual final (Tandon, 2011; Cochrane, 2022). Pero en las quemaduras severas grado IV, la evidencia de máximo nivel, una revisión Cochrane de 2022, no demuestra beneficio: la epitelización fue de 75.8 frente a 72.6 días, sin diferencia significativa (Eslani, 2019). Dicho de otro modo, la membrana ayuda cuando el daño es moderado, pero no es la respuesta mágica cuando la quemadura ha arrasado por completo la superficie.
En el ojo seco severo, que es un problema enorme y muy frecuente, la membrana tiene un papel regenerativo que me parece fascinante. Un ensayo clínico encontró que tres meses después de una colocación, la densidad de nervios corneales aumentó alrededor de un 54% y la sensibilidad corneal un 72% (PMC5574308, 2017). No es solo cubrir el ojo, es ayudar a que la córnea recupere su inervación.
Hay otras dos situaciones donde conviene precisar los límites con franqueza:
- Pterigión. Aquí la membrana puede usarse, pero los estudios de mayor nivel son claros: el autoinjerto conjuntival (usar tejido del propio paciente) previene mejor la recurrencia. Una revisión Cochrane mostró que el autoinjerto reduce la recurrencia un 47% más que la membrana (RR 0.53, IC95% 0.33–0.85). Cuando el objetivo es que el pterigión no vuelva, el autoinjerto suele ser la mejor opción.
- Queratopatía neurotrófica. La membrana ayuda a que la úlcera cicatrice, en un 76 a 86% de los casos, pero la recurrencia ronda el 46% a los doce meses (PMC8850233, 2021). La razón es importante: la membrana cierra la herida, pero no corrige la denervación de fondo, que es la causa real. Trata la consecuencia, no el origen.
La membrana también funciona como soporte en cirugías de reconstrucción de superficie, como el trasplante de células madre limbares, donde sirve de base para que el nuevo epitelio se establezca. En todos estos escenarios la regla que repito es la misma: la membrana es una herramienta de rehabilitación visual y de rescate de la superficie, no un sustituto de tratar la enfermedad de base.
Una confusión que conviene aclarar: no son células madre
La pregunta que más escucho sobre este tema mezcla dos cosas distintas. La membrana amniótica como parche o injerto es un tratamiento legítimo, con décadas de respaldo clínico, y no es lo mismo que las "gotas de líquido amniótico" que se promocionan por internet como terapia regenerativa milagrosa. La FDA emitió en 2023 una alerta de seguridad pública contra esas gotas, que no están aprobadas (FDA, 2023).
La distinción es sencilla: la membrana funciona por su matriz y sus factores de crecimiento, no porque contenga células vivas que se trasplanten. Cuando alguien le ofrezca un tratamiento "con células madre del cordón o del líquido amniótico" para el ojo, vale la pena que pregunte exactamente qué le están poniendo y bajo qué respaldo. Parte de mi trabajo es separar la biología bien usada del marketing dudoso.
Cómo se identificó esta membrana: una historia que empezó en mi familia
Que hoy usemos la membrana amniótica con tanta naturalidad esconde una historia que me toca de cerca, porque una pieza de ella se resolvió aquí, en República Dominicana, y la protagonizó mi familia.
A finales de los años ochenta, en la entonces Unión Soviética, el profesor Muldachev, de la Universidad de Ufa, operaba con un tejido que curaba la superficie del ojo pero mantenía su origen en secreto. Lo llamaba simplemente alotransplante. Ese tejido llegó a Venezuela y, de ahí, el Dr. Carlino González trajo una muestra a Santo Domingo, a manos de mi padre, el Dr. Juan F. Batlle Pichardo, con una pregunta sin responder: ¿qué era en realidad?
Mi padre no lo resolvió solo. Le entregó aquella muestra a mi abuelo materno, el Dr. Miguel Ángel Logroño, que era patólogo, y para poder comparar, separó él mismo la membrana amniótica de una placenta local y también la envió a biopsia. Mi abuelo estudió los dos tejidos bajo el microscopio, los comparó y confirmó que eran exactamente lo mismo: membrana amniótica. En 1992, mi padre y el Dr. Francisco Perdomo presentaron ese hallazgo en la reunión de la Academia Americana de Oftalmología y en el Bascom Palmer Eye Institute. Para entonces, esa membrana ya había ayudado a 23 pacientes con úlceras, quemaduras y otras lesiones difíciles de la superficie ocular. El trabajo quedó documentado años después en un capítulo sobre la historia de la membrana amniótica en la cirugía de pterigión.
Cuento esta historia por dos razones. La primera, porque explica de dónde viene la técnica que hoy le puedo ofrecer a un paciente. La segunda, porque hay una línea que la atraviesa: un abuelo patólogo que confirmó el tejido bajo el microscopio, un padre cirujano que resolvió el misterio, y yo, que sigo usando esa membrana cada semana para ayudar a sanar ojos. La misma vocación, en tres generaciones.
De dónde viene este tejido: el viaje de la donación
Esta es la parte que más me toca, porque conecta con el lugar donde trabajo. La membrana amniótica se obtiene de placentas donadas tras una cesárea programada, nunca de un parto vaginal, porque el canal vaginal contamina el tejido con bacterias. La cesárea programada ofrece un entorno estéril y controlado (PMC11235369, 2023).
El proceso es riguroso. La madre donante firma un consentimiento informado y se le realizan pruebas serológicas completas: VIH, hepatitis B y C, sífilis, HTLV y CMV. El tejido permanece en cuarentena y las pruebas se repiten para cubrir la ventana en que una infección reciente todavía no aparece en los análisis, y solo se aprueba si todas resultan negativas. Vale la pena subrayarlo: no hay reportes publicados de transmisión de enfermedad por membrana amniótica ocular (AAO EyeNet; StatPearls/NCBI, 2023).
Aquí vuelvo a la cifra del principio, porque resume todo lo que quiero transmitir. Una sola placenta, tejido que normalmente termina en la basura como residuo médico, puede convertirse en hasta ~30 injertos que devuelven visión a decenas de personas (PMC4094946, 2014).
Por qué importa tener un banco de tejido en República Dominicana
El acceso a tejido ocular es un problema global serio. En el mundo hay unos 5.5 millones de personas con ceguera corneal en ambos ojos, y la oferta de tejido es dramáticamente insuficiente: existe apenas 1 córnea disponible por cada 70 que se necesitan, y alrededor del 53% de la población mundial no tiene acceso a tejido ocular (Gain et al., JAMA Ophthalmology, 2016). América Latina dona muy por debajo de su demanda.
En ese contexto, contar con un banco de tejido local no es un lujo, es infraestructura que acerca los tratamientos a los pacientes dominicanos y reduce la dependencia del tejido importado. El Banco de Córneas de la República Dominicana fue fundado en 1987 (mi padre, el Dr. Juan F. Batlle Pichardo, fue uno de sus fundadores, junto a Freddy Beras Goico y el Dr. Luis Cuello Mainardi) y es miembro de la Asociación Panamericana de Bancos de Ojos desde 1989. Hoy soy Director Médico de ese banco, y parte de mi labor es que el tejido necesario esté disponible cuando un paciente lo necesita.
La logística de tejido es, muchas veces, lo que separa una intervención posible de una imposible. Lo viví de cerca en el rescate estructural de una queratoprótesis con derretimiento corneal, donde el acceso rápido al tejido donante fue la diferencia entre salvar el ojo y perderlo. Con la membrana amniótica pasa algo parecido: tenerla disponible permite ofrecer rescates de superficie en plazos que de otro modo no se cumplirían.
La disponibilidad de membrana amniótica varía entre centros. En algunos casos se obtiene de bancos de tejido locales y en otros se recurre a productos procesados importados. Lo importante para el paciente es que, cuando la superficie del ojo necesita este soporte biológico, exista la vía para conseguirlo a tiempo y con los controles de calidad adecuados.
Qué puede esperar un paciente
En la práctica, la membrana suele tolerarse bien. Con el formato sin sutura el paciente puede sentir el anillo, aunque por lo general no duele, y puede notar visión borrosa temporal mientras la membrana cubre el ojo, hasta que en unos días se disuelve sola. Cuando se cose como injerto, el postoperatorio depende del caso de base.
Como con todo en córnea, esto depende del caso. Antes de proponer una membrana amniótica, el protocolo incluye estudiar la superficie ocular, identificar la causa de fondo y decidir si la membrana es la herramienta adecuada o solo un parche que retrasa la verdadera solución. Si quiere conocer cómo abordamos los problemas de superficie ocular y ojo seco, puede revisar nuestros servicios.
Preguntas frecuentes
¿La membrana amniótica es un trasplante? ¿Mi cuerpo la va a rechazar?
Técnicamente es un injerto de tejido donado, pero la membrana es inmunológicamente privilegiada: no tiene los marcadores que disparan el rechazo (HLA-A, -B, -DR). Por eso el rechazo es muy raro, a diferencia de lo que ocurre con otros trasplantes.
¿Son células madre?
No. La membrana amniótica para el ojo es esencialmente acelular y funciona por su matriz y sus factores de crecimiento, no por células madre. Conviene no confundirla con las "gotas de líquido amniótico" que se venden por internet, que la FDA advirtió en 2023 que no están aprobadas.
¿De dónde viene y es segura?
Viene de placentas donadas por madres sanas tras una cesárea programada, con consentimiento informado, cribado completo contra VIH, hepatitis y sífilis, y cuarentena del tejido. No hay reportes publicados de transmisión de enfermedad por membrana amniótica ocular.
¿Duele y cuánto dura puesta?
Generalmente se tolera bien. Con un dispositivo sin sutura puede sentir el anillo, pero no suele doler, y la membrana se disuelve sola en unos 3 a 7 días, más rápido si hay mucha inflamación.
¿Sirve para cualquier problema del ojo?
No es una solución universal. Tiene un papel claro en úlceras y defectos que no cierran, quemaduras moderadas, ojo seco severo y como soporte en cirugía de reconstrucción de superficie. En el pterigión el autoinjerto de conjuntiva previene mejor las recurrencias, y en la queratopatía neurotrófica cicatriza pero no corrige la causa de fondo.
Aviso legal
Este contenido tiene fines educativos e informativos. No sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento oftalmológico profesional. La decisión de usar membrana amniótica y la elección de la técnica deben tomarse con un especialista en córnea tras una evaluación individual. Los datos de eficacia citados provienen de estudios publicados y describen probabilidades de respuesta, no garantías; los resultados pueden variar según las condiciones clínicas de cada persona.
Referencias
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- Liu J, et al. New clinical application of amniotic membrane transplantation for ocular surface disease. PMC4863510. 2016.
- Jirsova K, Jones GLA. Amniotic membrane in ophthalmology: properties, preparation, storage and indications. Cell Tissue Bank / Springer. 2017.
- Tandon R, et al. Amniotic membrane transplantation as an adjunct to medical therapy in acute ocular burns. Br J Ophthalmol. 2011. PMID: 20675729.
- Clare G, et al. Amniotic membrane transplantation for acute ocular burns. Cochrane Database Syst Rev. 2022. PMC9435439.
- Eslani M, et al. Amniotic membrane transplantation in acute severe ocular chemical injury (ECA). 2019. PMID: 30419194.
- John T, et al. Corneal nerve regeneration after self-retained cryopreserved amniotic membrane in dry eye disease (ECA). PMC5574308. 2017.
- Sutureless self-retained amniotic membrane for ocular surface disorders. PMC10573988. 2023.
- Clearfield E, et al. Conjunctival autograft for pterygium. Cochrane Database Syst Rev. 2016/2017. PMC5610642.
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- Preparation of human amniotic membrane for transplantation. PMC11235369. 2023.
- Human amniotic membrane: different modalities of use and yield. PMC4094946. 2014.
- Gain P, et al. Global Survey of Corneal Transplantation and Eye Banking. JAMA Ophthalmol. 2016.
- Flaxman SR, et al. Global trends in corneal opacity blindness. Ophthalmology. 2023.
- U.S. FDA. Public Safety Notification on Amniotic Fluid Eyedrops. 2023.
Última actualización: 23 de junio de 2026


